Un libro, un mundo.

Bienvenidos a mi blog, donde un libro se convierte en un mundo en el que los sueños, sí se cumplen; un mundo en el que todo tipo de personas y criaturas se abren paso a través de la imaginación. Una imaginación que vuela completamente libre.

viernes, 31 de agosto de 2012

Estoy aquí.

En la estancia apenas había luz, mas los dos podían verse con completa claridad el uno al otro. Se mantenían la mirada, desafiantes: ella, incapaz de apartarla, pues su orgullo era más fuerte; él, llameando furia en sus pupilas. 
A cierta distancia, ella aguardaba cerca de la puerta, por si en algún momento sentía la necesidad de huir. "¿Huir? No esta vez." Se dijo. "Afrontemos las cosas."
- ¿Por qué? - preguntó ella, desafiante, enfadada. Una ráfaga de rabia inundaba cada palabra.
- ¿Por qué, qué? - Su voz era seca, fría.
- Que por qué apareciste en mi vida.
- Me necesitabas.
- ¿Que te necesitaba? Jamás te pedí que me salvaras la vida. - Como un puñetazo en el estómago, las palabras, frías como el hielo, se clavaron en el corazón del chico.
- Si no lo hubiera hecho, estarías muerta.
- ¿Y qué diferencia hay, con todo esto? Tengo que ir cada dos por tres vigilando mi espalda porque un tío chalado intenta matarme o capturarme, o lo que sea que quiera hacer conmigo por un poder que hasta hace dos semanas ni si quiera sabía que tenía. - empezaba a hiperventilar.
- Cálmate. - Su voz sonó queda, segura.
- ¿ Que me calme? No, no me calmo. - le costaba respirar - Solo dices que me protejes, pero no es cierto. Tan solo me ocultas la verdad. ¿Crees que no me doy cuenta? Sé que hay cosas que no me cuentas. 
- Ya hemos hablado de esto. No puedo decirte más.
- ¿Y cómo se supone que me voy a mantener a salvo si ni si quiera sé de que demonios estamos hablando realmente? Tienes razón, sí: ya lo hemos hablado. Muchas veces. Y todas ellas acabamos igual. ¿Y así pretendes arreglar las cosas? 
- Maldita sea, Kate. ¡Intento protegerte! ¿Es que no lo ves? - el chico estalló, ahogando su furia en un grito que sobrecogió a la chica. Pero ella ya no escuchaba. Se había quedado paralizada: él nunca la había gritado de esa forma, a pesar de que ya habían discutido varias veces respecto al mismo tema.
Cada vez le costaba más respirar. Se dejó caer al suelo, de rodillas, concentrándose en respirar. Pero era tarde; su mirada empezaba a nublarse, a sumirse en oscuridad. "Me falta aire." Pensó. "Aire"
- ¡Kate! - El chico avanzó hacia ella desde el otro lado de la habitación. - Kate, vamos. Respira. Despacio, como te enseñé el otro día. Uno, dos. Uno, dos. Tranquila. Deja que tus pulmones se llenen de aire. Uno, dos. Respira y espira, despacio. 
- Y así, imitando al chico, la respiración de la joven se fue haciendo cada vez más regular, hasta que por fin pudo llenar de aire sus pulmones. Primer ataque de pánico en tres días. - ¿Mejor? - Ella asintió sin decir palabra. Abrió los ojos, llenos de lagrimas que se agolpaban en una lucha por querer salir a la luz. Y así, dejando paso a la primera, en un suicidio inminente a través de sus pálidas mejillas, le siguieron todas las demás. - Lo siento. Lo siento muchísimo, Kate. Perdóname. - La estrechó entre sus brazos, allí en el suelo, agachado junto a ella. 

Cuando la chica se hubo tranquilizado un poco, él continuó:
- No pretendía que pasara todo esto. - La acunó entre sus brazos, y ella, sin ningún esfuerzo por evadirse, se dejo acunar. Dios...se sentía tan a gusto y a salvo entre ellos. - Tan solo te salvé la vida porque lo necesitabas, es mi trabajo. No pensé que fueras una chica tan especial. Y no lo digo por tu poder, si no por como eres, Kate. Me matriculé en el mismo instituto para poder protegerte. Porque después del accidente me di cuenta de lo que podías hacer, con aquella runa en aquél árbol. - Kate se estremeció al recordarlo. - Porque sabía que había personas, criaturas que desearían ese poder para hacer el mal. Que te harían daño. Y no podría soportar que te hicieran daño.
- ¿Por qué? Tan solo eres mi ángel custodio, ¿no? Nada más. Ya me lo dejaste claro una vez. 
- Exacto, soy tu ángel custodio. Pero eso no implica que no me importes más allá del que es mi trabajo. Tu me importas, Kate. Más de lo que te imaginas. 
- No parecías demostrarlo mucho en el instituto. 
- Lo sé. Y siento haberme comportado así. Pretendía mantenerme al margen, evitar que me pase lo que en estos momentos siento. Pero no puedo evitarlo. No puedo evitar sentirme así cuando estoy cerca tuyo.
- ¿Sentirte cómo? - El corazón le latía a mil por hora.
Entonces, sin esperárselo, él le acarició la cara con los dedos y se inclinó hacia delante para besarla. Fue un beso suave al contacto, dulce. Cuántas veces había imaginado Kate ese momento; envolverse entre los brazos que ahora vagaban por su espalda, rumbo hacia su pelo. 
Le pasó los brazos por el cuello y se dejó llevar por aquel intenso momento; aquel intenso beso. Entonces él se aparto con suavidad.
- Así. Sentir que quiero hacer esto cada vez que te veo. Sentir que necesito protegerte, no por mi trabajo, si no porque te quiero. Los ángeles no podemos tener relaciones con humanos. ¿Entiendes por qué me mantuve tan frío al principio? - Ella asintió - Pero no puedo luchar contra lo que siento por ti, Kate. Y si por ello debo convertirme en un desterrado, que así sea. Pero no pienso dejarte sola. - Volvió a inclinarse sobre ella y la besó, esta vez, con más ímpetu y más pasión. Sus palabras resonaban en la cabeza de la joven, y en ese momento, comprendió: "con él a mi lado, estoy a salvo."




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