Un libro, un mundo.

Bienvenidos a mi blog, donde un libro se convierte en un mundo en el que los sueños, sí se cumplen; un mundo en el que todo tipo de personas y criaturas se abren paso a través de la imaginación. Una imaginación que vuela completamente libre.
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sábado, 24 de noviembre de 2012

Eternidad.

Allá donde los sueños moran,
donde a morir van los silencios;
allá donde el tiempo se detiene,
y en donde los miedos se esconden.
 
Allá donde fantasías juegan,
donde lo antiguo, perpetuo torna;
alllá donde los secretos viven,
y donde lo postergado, renace.
 
Allá donde broten los astros,
y donde de oro, el sol se engalane;
allá donde ceda la tristeza,
y cada asalto tu alegría gane.
 
Allá donde faros, sean tus ojos
y en bello cantar, tu risa torne;
allá donde tus labios nazcan
y en dulce beso demoren;
 
Allá donde nuestra verdad creemos,
donde tu piel, mi única frontera sea;
allá, seamos pues eternidad,
hasta que la propia eternindad muera.

lunes, 22 de octubre de 2012

Estrella fugaz.


Cada noche, durante años, los ojos esmeralda de una bella joven contemplaban, desde el alféizar de su ventana, el estrellado cielo que ante ella se alzaba. Envuelta en el profundo silencio de la noche, inescrutable excepto por los grillos que a su son cantaban, y bajo la atenta mirada de la luna, la joven  de ojos verdes y piel pálida se perdía en la inmensidad del firmamento.
Una noche, para su asombro, pasó ante ella una estrella fugaz. La joven, que hasta el momento nunca antes había visto una, pidió un deseo.

Una mañana de otoño en la que los propios árboles acusaban el frío, noticias horribles llegaron a sus oídos: su padre, enfermo del corazón, yacía débil en cama. Sin pensarlo, la joven dejó sus quehaceres y dirigió toda su atención a su enfermo padre.
Con lágrimas en los ojos, tomó la mano de su padre en la suya y la cubrió con delicadeza. Su padre, abriendo débilmente los ojos, la apretó con fuerza y dijo:
   - Querida hija, que no caigan tus lágrimas por este viejo moribundo. Mi cuerpo se marchita, mas mi esencia se quedará siempre contigo.
La joven, sin apenas hacer un esfuerzo por contener las lágrimas, se dejó caer sobre la cama, enterrando su cabeza en el pecho del su padre y, entre lágrimas y sollozos, apenas consiguió emitir frase entendible.
   - Padre... te necesito. Aún no soy lo suficientemente fuerte para llevar esto yo sola, soy muy joven. Has de enseñarme, padre. Enseñarme a vivir...
   - Pequeña, no me llores. Los ángeles no deben llorar. Levanta bien alta tu cabeza y muestra al mundo tan bella sonrisa. Tus propias palabras hablan por mi: eres joven. Lo mejor está por llegar aún, querida. Y cuando llegue, sabrás vivir la vida y valorarlo. Y yo me sentiré orgulloso de ti esté de donde esté. Te quiero, hija mía...
Pero, antes de que el anciano pudiera continuar la frase, la presión en la mano de su hija cesó, y su pecho quedó inmóvil.
   - Padre...
Y, sujetando aún la mano de su padre, rompió a llorar desconsoladamente.

Los días que siguieron la muerte de su padre, la joven dejó de perderse en el cielo infinito. Se había enfadado, ya no quería, no creía en las estrellas. Dejó de alzar la mirada al cielo, dejó de alzar sus deseos y plegarias, y se volvió una joven triste, pues perdió la confianza en aquello que pensó era lo más sincero que podría existir: el firmamento.

Una noche de invierno, la joven se hallaba llorando en memoria de su padre sobre su cama, cuando un ruido la hizo incorporarse. Para su asombro, una hermosa mujer, no mucho más mayor que ella, blanca como la nieve y con un cabello tan dorado que brillaba, se encontraba a los pies de la cama. La muchacha, asustada, se echó atrás. La mujer, en cambio, rompió el silencio con una voz tan dulce, que la calidez de sus palabras la hizo estremecer.

-         No temas, pues nos hemos visto antes, allá en el cielo. Soy aquella fugaz estrella a la que pediste un deseo. Cuéntame joven muchacha, ¿Qué motivo os hace odiarnos? ¿Acaso os hemos causado mis hermanas y yo algún mal?

Y la joven, sin dar crédito a lo que sus ojos veían, se puso en pie.

-          Te pedí que estuviera siempre conmigo, y no está. El cielo infinito me lo arrebató de mi lado ante mis propios ojos. Se lo llevó. A mi padre, la única familia que tenía…- Luchando por retener las lágrimas que pugnaban por salir, cayó de rodillas ante la mujer. Ésta, con delicadeza, se agachó frente a ella y le sujetó la cara entre sus manos.
-         Querida niña, no puedes ver lo que no te atreves a mirar. - Sujetó a la joven por los brazos y la ayudó a incorporarse, conduciéndola a través de la habitación hacia aquella ventana que tanto tiempo hacía que no visitaba. – Alza tus verdes ojos y dime, ¿qué ves?

La muchacha, haciendo caso a lo que la mujer le decía, alzó la vista al cielo y allí, en su ventana y junto a su estrella fugaz bajo aquél manto estrellado, contempló cada uno de los brillantes luceros.

-         Hay muchas más estrellas de las que recordaba…
-          ¿A qué crees que se debe? – ella se encogió de hombros. La mujer prosiguió. – Cada vez que alguien muere, su alma, su esencia, viaja hacia allí arriba, hacia lo más alto y guardan a sus seres queridos, velando por ellos desde allá. Jamás te arrebatamos a tu querido padre, pequeña. Está allí arriba, observándote, cuidándote. Y siempre lo estará. Pues somos polvo de estrellas, y dado que del polvo venimos, en polvo nos convertiremos.  No temas si le echas de menos, no te sientas perdida. Tan solo acércate a tu ventana y alza tu mirada al cielo. Él te estará contemplando desde el firmamento infinito.

La joven quedó impresionada y con mejillas húmedas a causa de las lágrimas, mas cuando quiso volverse hacia su estrella, ésta ya había desaparecido. Volvió la cabeza hacia el cielo de nuevo, y un pequeño destello en lo alto le arrancó un susurro de sus labios, curvados en la primera sonrisa desde hacía meses:
-         Gracias.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Estrella que irradia luz a cada movimiento.

El aire pesa en tu ausencia y es lívido cuando tu presencia aclara mis ideas, pues en tu ausencia incluso el respirar se me hace eterno, y es tan solo cuando te siento a ti y a la calidez de tu cuerpo cuando de nuevo respiro; cuando me alejas de un mundo promovido por la apariencia para de nuevo volver a la vida, a la verdadera vida...
Una vida, donde tus besos son el aire que respiro y tu mirada, los propios rayos de sol que, aún en lo más alto, envidia siente por no poder llegar a la altura de tan hermosa criatura como eres, pues si las propias rosas pudiera sentir dicha envidia, se marchitarían con solo mirarte.

Y dime, ¿Qué  hay mejor que ver como la propia luna al anochecer, se lamente por no poder hacer suya la única estrella que al cielo no pertenece pero que, sin embargo, brilla más que ninguna otra?
Solo una cosa es comparable a eso, y es que yo misma pueda tocar dicha estrella con mis propias manos, mas no sin delicadeza, pues tu cuerpo merece un suave tacto...un cuerpo perfecto para recorrer despacio cada centímetro de tu piel; perfecto para besar con mis labios hasta que la mañana sea pregonada.

Mas nada bueno es lo que anuncia, pues en cuanto tú, estrella que irradia luz a cada movimiento, te alejes de mi cama, el aire de nuevo volverá a faltarme y de nuevo un vacío sentiré  por dentro. Mas sé que no para siempre, pues sé que de nuevo al anochecer, la luna volverá a sentirse apenada por no tener en sus manos tan preciado tesoro como el que tú junto con tu esencia formas.

"Crea tu propia historia. Vívete."

La vida es como un libro y cada vida, la de cada persona, una historia en la que tienes un principio; en la que día tras día escribes una nueva página y en la que en cada una de estas  páginas, hay una experiencia diferente: una discusión con tu mejor amigo, el primer amor, la primera vez...
Mil experiencias que necesitan ser contadas en su página correspondiente de tu día a dia; una página que a veces resulta insuficiente, pero que sin embargo narra más que cualquier historia encuadernada en piel con portada y contraportada de cualquier librería, porque es tu propia historia, y la extiendes tanto como quieras. La escribes tú mismo, como tú elijes. Y lo mejor, es que la vives. Vives tu historia, porque es tu vida. 
Porque la vida es como un buen libro, que para entenderlo, hay que vivirlo. ¿Y qué mejor forma de entender tu historia que amando la vida, probando cosas nuevas para plasmarlas en tus páginas?. ¡Ámala, vívela!
Ríe, llora, juega, conoce, experimenta, equivócate una y otra vez, enamórate...Porque no hay nada mejor que escribir la historia de tu vida amando cada página escrita. ¿No hay nada mejor? Excepto enamorarse, claro. Amar a una persona; amarla con el corazón, con la mente y el cuerpo. 
De esa forma, cuando lo hagas, cuando encuentres el amor o si ya lo has encontrado, ¡deja de escribir páginas! Cread juntos todo aquello que no exista, pues lo que existe es de todos.     Deja de escribir tu historia para escribir una los dos juntos porque, al fin y al cabo, no hay nada más bonito que dos historias que se entrelazan.
Así que, ¿a qué esperas? Sal ahí y cómete el mundo, conoce al amor, si es que aún no lo has hecho, y no tengas miedo si caes en sus brazos. Vive por ti. Ama la vida y aprovéchala, saboréala. Pues solo podrás vivirla una vez, solo podrás plasmar en tu pequeño diario todo lo que has vivido una sola vez. ¿Vas a desaprovecharla? No pienses en lo que pudo ser, sino en lo que será. No pienses en todo lo que has visto, sino en lo que te queda por ver. 
Y, si la has vivido, entendido; si has amado tu cuento, tu sueño, entonces habrás vivido tu vida.
Así tendrás un final perfecto para tu libro. Un final que, cuando llegue el momento, sabrás aceptarlo satisfactoriamente y pensarás: "La mejor historia que he leído nunca."

Ciudad de las almas perdidas.

Bueno, bueno, bloggeros. Aquí lo tengo, en mis manos desde el mismísimo día que salió, prácticamente. 
Llevo casi doscientas páginas, en estos dos días, y he de decir que ya apenas puedo dejar de leerlo. Engancha de principio a final. Sorpresas por doquier, momentos intensos entre Magnus y Alec, Jace y Clary, Isabelle y Simon. Definitivamente, no me equivocaba al pensar que no me decepcionaría. En cuanto me lo termine, os presentaré mi opinión personal en el apartado reseñas. Espero que os animéis a leerlo porque, de verdad, vale realmente la pena. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Corazón solitario.


Sentimientos que vagan solitarios
entre las sábanas de un recuerdo,
buscando sin pausa en la añoranza
las esperanzas de un te quiero.

Dulces y suaves, húmedos besos,
grandes caricias de perfecto caballero,
que antaño en piel blanca de mujer
provocaban un rubor ligero.

Corazón que vaga herrante
a la par que asustado e indefenso,
tras de sí dejando en el camino
una estela de gran vacío; inmenso.

Y viendo que busca mas no halla
aquél suyo amor inofenso,
que con pasión provocaba su latir intenso,
se postra ante la vida, dejándose caer.

¿Pues a qué aspira, el dichoso corazón,
mas que a una vida pequeña y frágil;
vida eterna, en completa desazón,
sin ese amor que su latir provoque?

martes, 4 de septiembre de 2012

Dormid, princesa.


Dormid princesa, que yo velaré por vos.

Custodiaré vuestros sueños, como caballero y corcel que proteje a su dama. Y cuando el sueño no logréis conciliar, hacédmelo saber, y os bajaré la mismísima luna hacia vuestro lecho para que os guarde.
Dormid princesa, que mientrastanto, yo os colmaré de riquezas inmateriales, de caricias vuestro corazón. Dormid y cuando me necesitéis, soñad con este fiel y humilde servidor y allí, en vuestro maravilloso mundo de morfeo, os demostraré lo que valéis princesa, y cuán grande es vuestro corazón.

Soñadme, y allá donde me llevéis adornaré vuestro bello rostro con sonrisas, vuestra hermosa mirada con destellos; os bañaré en detalles sinceros hechos de papel, y cada día vuestra será la mayor de mis sonrisas y vos, mi princesa, la mayor de mis alegrías.

Dormid, princesa, si me echáis de menos. Soñad, si me necesitáís.
No temáís, bella joven, velaré por vos desde aquí.

viernes, 31 de agosto de 2012

Estoy aquí.

En la estancia apenas había luz, mas los dos podían verse con completa claridad el uno al otro. Se mantenían la mirada, desafiantes: ella, incapaz de apartarla, pues su orgullo era más fuerte; él, llameando furia en sus pupilas. 
A cierta distancia, ella aguardaba cerca de la puerta, por si en algún momento sentía la necesidad de huir. "¿Huir? No esta vez." Se dijo. "Afrontemos las cosas."
- ¿Por qué? - preguntó ella, desafiante, enfadada. Una ráfaga de rabia inundaba cada palabra.
- ¿Por qué, qué? - Su voz era seca, fría.
- Que por qué apareciste en mi vida.
- Me necesitabas.
- ¿Que te necesitaba? Jamás te pedí que me salvaras la vida. - Como un puñetazo en el estómago, las palabras, frías como el hielo, se clavaron en el corazón del chico.
- Si no lo hubiera hecho, estarías muerta.
- ¿Y qué diferencia hay, con todo esto? Tengo que ir cada dos por tres vigilando mi espalda porque un tío chalado intenta matarme o capturarme, o lo que sea que quiera hacer conmigo por un poder que hasta hace dos semanas ni si quiera sabía que tenía. - empezaba a hiperventilar.
- Cálmate. - Su voz sonó queda, segura.
- ¿ Que me calme? No, no me calmo. - le costaba respirar - Solo dices que me protejes, pero no es cierto. Tan solo me ocultas la verdad. ¿Crees que no me doy cuenta? Sé que hay cosas que no me cuentas. 
- Ya hemos hablado de esto. No puedo decirte más.
- ¿Y cómo se supone que me voy a mantener a salvo si ni si quiera sé de que demonios estamos hablando realmente? Tienes razón, sí: ya lo hemos hablado. Muchas veces. Y todas ellas acabamos igual. ¿Y así pretendes arreglar las cosas? 
- Maldita sea, Kate. ¡Intento protegerte! ¿Es que no lo ves? - el chico estalló, ahogando su furia en un grito que sobrecogió a la chica. Pero ella ya no escuchaba. Se había quedado paralizada: él nunca la había gritado de esa forma, a pesar de que ya habían discutido varias veces respecto al mismo tema.
Cada vez le costaba más respirar. Se dejó caer al suelo, de rodillas, concentrándose en respirar. Pero era tarde; su mirada empezaba a nublarse, a sumirse en oscuridad. "Me falta aire." Pensó. "Aire"
- ¡Kate! - El chico avanzó hacia ella desde el otro lado de la habitación. - Kate, vamos. Respira. Despacio, como te enseñé el otro día. Uno, dos. Uno, dos. Tranquila. Deja que tus pulmones se llenen de aire. Uno, dos. Respira y espira, despacio. 
- Y así, imitando al chico, la respiración de la joven se fue haciendo cada vez más regular, hasta que por fin pudo llenar de aire sus pulmones. Primer ataque de pánico en tres días. - ¿Mejor? - Ella asintió sin decir palabra. Abrió los ojos, llenos de lagrimas que se agolpaban en una lucha por querer salir a la luz. Y así, dejando paso a la primera, en un suicidio inminente a través de sus pálidas mejillas, le siguieron todas las demás. - Lo siento. Lo siento muchísimo, Kate. Perdóname. - La estrechó entre sus brazos, allí en el suelo, agachado junto a ella. 

Cuando la chica se hubo tranquilizado un poco, él continuó:
- No pretendía que pasara todo esto. - La acunó entre sus brazos, y ella, sin ningún esfuerzo por evadirse, se dejo acunar. Dios...se sentía tan a gusto y a salvo entre ellos. - Tan solo te salvé la vida porque lo necesitabas, es mi trabajo. No pensé que fueras una chica tan especial. Y no lo digo por tu poder, si no por como eres, Kate. Me matriculé en el mismo instituto para poder protegerte. Porque después del accidente me di cuenta de lo que podías hacer, con aquella runa en aquél árbol. - Kate se estremeció al recordarlo. - Porque sabía que había personas, criaturas que desearían ese poder para hacer el mal. Que te harían daño. Y no podría soportar que te hicieran daño.
- ¿Por qué? Tan solo eres mi ángel custodio, ¿no? Nada más. Ya me lo dejaste claro una vez. 
- Exacto, soy tu ángel custodio. Pero eso no implica que no me importes más allá del que es mi trabajo. Tu me importas, Kate. Más de lo que te imaginas. 
- No parecías demostrarlo mucho en el instituto. 
- Lo sé. Y siento haberme comportado así. Pretendía mantenerme al margen, evitar que me pase lo que en estos momentos siento. Pero no puedo evitarlo. No puedo evitar sentirme así cuando estoy cerca tuyo.
- ¿Sentirte cómo? - El corazón le latía a mil por hora.
Entonces, sin esperárselo, él le acarició la cara con los dedos y se inclinó hacia delante para besarla. Fue un beso suave al contacto, dulce. Cuántas veces había imaginado Kate ese momento; envolverse entre los brazos que ahora vagaban por su espalda, rumbo hacia su pelo. 
Le pasó los brazos por el cuello y se dejó llevar por aquel intenso momento; aquel intenso beso. Entonces él se aparto con suavidad.
- Así. Sentir que quiero hacer esto cada vez que te veo. Sentir que necesito protegerte, no por mi trabajo, si no porque te quiero. Los ángeles no podemos tener relaciones con humanos. ¿Entiendes por qué me mantuve tan frío al principio? - Ella asintió - Pero no puedo luchar contra lo que siento por ti, Kate. Y si por ello debo convertirme en un desterrado, que así sea. Pero no pienso dejarte sola. - Volvió a inclinarse sobre ella y la besó, esta vez, con más ímpetu y más pasión. Sus palabras resonaban en la cabeza de la joven, y en ese momento, comprendió: "con él a mi lado, estoy a salvo."