Dormid princesa, que yo velaré por vos.
Custodiaré vuestros sueños, como caballero y corcel que proteje a su dama. Y cuando el sueño no logréis conciliar, hacédmelo saber, y os bajaré la mismísima luna hacia vuestro lecho para que os guarde.
Dormid princesa, que mientrastanto, yo os colmaré de riquezas inmateriales, de caricias vuestro corazón. Dormid y cuando me necesitéis, soñad con este fiel y humilde servidor y allí, en vuestro maravilloso mundo de morfeo, os demostraré lo que valéis princesa, y cuán grande es vuestro corazón.
Soñadme, y allá donde me llevéis adornaré vuestro bello rostro con sonrisas, vuestra hermosa mirada con destellos; os bañaré en detalles sinceros hechos de papel, y cada día vuestra será la mayor de mis sonrisas y vos, mi princesa, la mayor de mis alegrías.
Dormid, princesa, si me echáis de menos. Soñad, si me necesitáís.
No temáís, bella joven, velaré por vos desde aquí.
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